Hoy. Sí. Hoy estoy escribiendo. Luego. Luego de tanto y tanto; luego de tantos bosques. Tantas flores. Tantos duendes que quise ver pasar, tratando de recordarme un poco de mi pasado; pasado en el que hablaba de esos duendecillos apareciéndose por la ventana cuando más quería yo irme. Hoy. Hoy no quiero irme, por eso no quiero verlos. Hoy, de hecho, quiero quedarme. Y. Escribo con morado, porque… Porque estoy decidida a escribir con morado, y no crean que fue una decisión fácil. No, no, no, no. No cualquiera se para frente a una hoja en blanco y decide salir de la monotonía del azul y negro para comenzar a escribir con su color favorito –o el más cercano al favorito… Yo creo que mi color favorito aún no nace; tal vez está en proceso. Sólo sé que oscila entre el morado claro y el… morado oscuro. Pero, volvamos a lo que estábamos-. Eso ocurre cuando a uno le gusta lo que escribe, o, lo que va a escribir que no sabes si realmente te puede gustar porque aún no está plasmado sobre una hoja, pero, sin embargo lo tienes en tu MENTE y ahí está! Así es, señores; en la Mente todo está. Tal vez, hasta nuestro futuro está en la mente. Y lo conocemos muy en el interior, es sólo que… Está en un idioma especial. Para mi gusto, está escrito en colores, es decir, un futuro amarillo, un futuro celeste en que te verás azul por tener mucho verde que debes saber enfrentar o terminaras con poco morado. Pero. Cómo nadie más que los gitanos, los adivinos, dios y en ocasiones los niños saben leer en colores –aunque a los gitanos les gusta hacer creer que lo que ven son las líneas de la mano cuando lo que hacen en verdad es ver tus colores- Al final del viaje sólo puedes saber lo que pasará mañana cuando sea mañana; lo que, por cierto le da un toque de misterio a los días. “¿Qué pasará hoy? ¿Conoceré a alguien? ¿Le gustarán los perros?”. Esas sí que son intrigas! De esas que ni te dejan dormir. Me explico: si de pronto alguien llega y te dice que no le gustan los perros, entonces… Le gustarán los gatos? Quizá es alguien que siempre quiso tener un axolotl. Yo pues, siempre –de acuerdo, no siempre, no desde que nací ni nada por el estilo- quise tener una tortuga de mar, y tanto fue que quería yo tenerla, que es como si la recordara cuando hablo de ella; y me veo a mi, junto a ella, nadando. Supongo que, un día podré nadar junto a mi tortuga de mar y tomaremos el té –o, café para mi gusto- en su caparazón bien adornado… Oh. Pobre de mi tortuga que me ha de estar esperando. Calma Tortuga amiga, que pronto he de cerrar la puerta –pero nadie le diga que no la abriré sino en mucho tiempo más, cuando esté preparada para recordarla nuevamente- Eh! Sí tortuga, pronto vuelvo, nada Feliz! “ñiiigh” (sonido de la puerta al cerrar… Hay que arreglar esa puerta, siempre despierta a alguien cuando se está cerrando). “aaaggh” (sonido de mi bostezo, que indica que ten… tengo mucho… Aaaggh creo q tengo Sueño) Tengo sueño, y tengo sueños; Y a veces, cuando las cosas están de mi lado los sueños se vuelven reales en el sueño. Así que, A soñar se ha Dicho! Aaaggh… y a bostezar también. Ahora es cuando junto con cerrar el Cuarto de Escritura alojado en mi Mente, cierro también la tinta morada de dio vida a mis ideas.
Buen viaje a quien lo quiera.
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"Tuviste que expresar lo que pensabas para que te des cuenta que no eres el único con esos ideales"